La humanidad hoy. Entre el texto y el pretexto

“El tiempo es el mejor autor… siempre encuentra un final perfecto” Charles Chaplin

Regularmente las palabras introductorias a una exposición son una ventana que nos permite visualizar qué es la obra. En este caso, romperemos dicho esquema para indicar lo que no es.

No se trata de un análisis sobre la obra de arte, ni una estimación con mirada lejana de lo que realiza el artista. Tampoco se hablará de las implicaciones de la obra de Roberto Roque para el arte contemporáneo.

Lo que tratamos de hacer con esta exposición es el acercamiento a una obra que distingue a nuestra Facultad.

A través de la búsqueda de distintas miradas tratamos de dar sentido a la obra emblemática de nuestra FES Acatlán: “La humanidad hoy”, cuyo lenguaje coloquial se refiere a ella simplemente como La Piedra: punto de reunión para propios y ajenos, lugar en el que han transitado numerosas historias, obra artística única en su tipo.

¿Quién no la conoce en nuestra Facultad? ¿A cuántas personas les decimos “nos vemos enfrente de La Piedra”, en una suerte de apropiación simbólica de espacio y tiempo? ¿Qué egresado no la reconoce y la recuerda, en una suerte de nostalgia por los instantes y las historias de vida tejidas en esa parte imborrable de la existencia?¿Quién no escuchó de los numerosos rituales de iniciación con que se recibía a los alumnos de nuevo ingreso que incluían darle vueltas a La Piedra para indicar que felizmente habían ingresado a la Universidad, tal vez en recuerdo a uno de los instantes más gratos de su vida?¿Cuántas fotografías de generación no tuvieron como marco “La humanidad hoy”?

Señala acertadamente el pintor español Antoni Tapies que la obra de arte debería dejar perplejo al espectador, hacerle meditar sobre el sentido de la vida. Y la obra nos deja perplejos, en una suerte de admiración en la que confluyen historias individuales y colectivas.

Justo por ello, esta exposición pretende lograr un acercamiento a la obra a través de diversas miradas, todas ellas plagadas de recuerdos. El acercamiento es formal y de la estructura de la propia obra: la planeación, los detalles técnicos, la localización y el traslado del monolito. A todos sorprende el tamaño de la pieza.

Y, desde luego, el significado de la obra misma. Lo que refleja, los simbolismos, el sentido, la mirada histórica y la postura crítica y revolucionaria ante la debacle, el tránsito por su realización y las diversas restauraciones.

Es innegable que detrás de la obra está el autor. Señala Gombrinch que no hay arte, sino artistas. En este aspecto, nuestra mirada pretende humanizar y lograr un acercamiento a Roberto Roque. Bien se dice que es complicado mirar de manera objetiva algo que queremos y forma parte de nuestra vida diaria.

En este sentido, todos nos acusamos de ver a la obra y al autor con sentimientos encontrados. El acercamiento a la historia de Roberto Roque transita entre la biografía y la autobiografía. Sus temáticas, los guiños a diversas corrientes y escuelas, la trayectoria. La forma en que él concibe la FES Acatlán, su sorpresa al descubrir lo que su obra significa para los otros.

Para quienes transitan diariamente por la FES, para quienes lo hacen de modo ocasional, para quienes llegan a la Facultad por vez primera, la obra es un referente. Y, en consonancia con lo que afirma Marc Chagall, el arte es sobre todo un estado del alma. En retribución a lo que la obra nos ha dado, en una suerte de acercamiento a la pieza y al artista, este recorrido virtual nos compromete. Abordamos una obra que para nosotros tiene un significado muy especial y atraviesa, cual dardos certeros, la escritura de nuestra propia historia.

Dra. Lucía Elena Acosta Ugalde
Coordinadora de Difusión Cultural.

La humanidad hoy

Roberto Roque, el sueño por ser artista

Roberto Roque siempre soñó con ser pintor, un destino inevitable para quien desde la infancia manejó con sobrada habilidad el lápiz y pincel. Pronto supo que el arte sería su mundo, su refugio y, paradójicamente, el camino hacia la libertad.

A pesar de la oposición familiar se empeñó en defender su sueño, por lo que al concluir el bachillerato decidió estudiar pintura y pagar sus estudios por cuenta propia. Ingresó a la academia de Salvador Bribiesca, donde aprendió todo lo relacionado con la composición, la profundidad y uso de la luz dentro las artes plásticas.

A los 23 años viajó a tierras europeas. En la embajada de México en Francia conoció al muralista mexicano, David Alfaro Siqueiros, quien lo apoyó con dinero y algunos contactos en el Viejo Continente. A su regreso a nuestro país tuvo la oportunidad de mostrarle su obra a través de fotografías y de que el célebre artista le diera algunos consejos relacionados con su quehacer pictórico.

En México, Roberto Roque, inició una de sus aventuras más enriquecedoras como profesor de pintura del Hospital Psiquiátrico Floresta, las clases de arte eran parte del tratamiento terapéutico que los pacientes recibían. Años más tarde repitió la experiencia, en un nosocomio de Verona, Italia.

En 1973, gracias a una beca que le otorgó Conacyt, Roberto Roque viajó a Italia. Un año después realizó su primera exposición en laGalería Línea 70en Florencia. El éxito fue tal que un promotor de arte lo llevó a Milán y a la extinta Unión Soviética.

La obra del artista se caracterizó, en sus inicios, por ser de carácter social, inspirada en la protesta civil contra la violencia, la opresión y la injusticia. Por aquella época, el pintor mantuvo una estrecha relación con el Partido Comunista Italiano e incluso elaboró algunos trabajos para dicha organización.


La orientación política de Roberto Roque quedó plasmada en las carpetas: Homenaje a Siqueiros, tras el fallecimiento del muralista y la que dedicó al músico, Víctor Jara, durante el golpe militar en Chile.

Para 1976, aún en Italia, tuvo la idea de pintar sobre rocas, el proceso fue lento y terminó de madurar después de una serie de visitas a las zonas arqueológicas de nuestro país: “me llamó mucho la atención el trabajo artístico en piedra de los indígenas, no sólo se conformaban con esculpir, sino que todo lo pintaban”. 

El maestro comenzó a plasmar sus obras sobre rocas de pequeño y mediano formato dando origen a la corriente denominada Roquismo.

A su regreso a México, a fines de la década de los setenta, prosiguió con su trabajo sobre piedra, sin abandonar el caballete, la técnica mixta y óleo.

Es por aquella época, que comenzó a gestarse uno de los proyectos más ambiciosos y monumentales en la carrera del artista y que más tarde dio origen al impresionante monolito de 67 toneladas, ubicado en la FES Acatlán: La humanidad hoy, considerado símbolo de nuestra Facultad.

La obra concibe la posibilidad de un holocausto, provocado por una guerra atómica y el deterioro del medio ambiente. No se reduce a un trabajo de denuncia, por el contrario, cuenta con una propuesta pictórica que integra al ser humano en la naturaleza de manera armónica y que se puede apreciar en las cuatro caras que integran la pieza.

Con motivo de la restauración del monolito en 2014,nuestra Universidad editó un folleto conmemorativo que a continuación se presenta de manera digital, en él se precisan los pormenores del proyecto a través del testimonio del artista, fallecido en 2016.

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